miradascelestes

domingo, noviembre 13, 2005

Delicada existencia

Era un lugar donde el aire se tornaba cálido, frío, dulce o sombrío. Su aroma constante era a sal y su sonido era el rumor de las olas que querian escapar de su rutina. Por sus playas se confundían las pisadas de miles, las miradas de cientos y los besos de pocos -sobretodo cuando el invierno caía-. Sobre el horizonte día tras día el atardecer se sumergía, el sol se fundía en la aparente calma de un mar que anhelaba la caricia de la luna llena para estallar en mil colores y formas.

Las voces que se creaban allí venian de todas partes: del oriente, del occidente, del arriba y el abajo. Voces pequeñas, delgadas, ilusionadas, vestidas, desnudas, pero sobretodo esperanzadas en pertenecer a un lugar.

Cerca del faro se encontraba aquel gigante y silencioso, lento y prudente Ser que escuchaba las voces que venian y se quedaban, las que iban y no volvian y las que estaban suspendidas en la ondulación de un crujir o de un suspiro inesperado e incalculado, lastimero y efímero. Él, testigo de fuertes encuentros de amor y desamor, de sentimientos vistos de un solo lado, de sonrisas y lágrimas reales e imaginarias; esta vez sentía que una batalla próxima le asechaba. Veia ante sus ojos cómo era sumergido en un encuentro inevitable de cemento y roca. Sus raices ya no tenian por donde desplegar sus alas, sus ramas ya no alcanzaban el equilibrio y sin embargo se mantenia en pie, erguido y solemne.

La arrogancia de quienes desesperaban a los que no escuchan, a los que aún tienen la esperanza de la "libre expresión", era su constante paradoja. La pobreza de unos zapatos, la bulla de quienes quieren acalorarse con las palabras y la sonrisa nerviosa de quien ignora, hacian que el ambiente fuera real. Era el mundo en el que estaba plantado; por eso su esfuerzo de estirarse para alcanzar las estrellas y poder soñar.

Pero un día alguien lo hizo sentir parte de un amor, hundiendo en sus carnes la ilusión de una noche y de una lágrima, los suspiros de una ausencia. Su alma temblaba de miedo pero no de terror, era un miedo pálido y escuálido que facilmente se resbalaba por sus fisuras. Sentia que era violentado en su textura pero con la dulzura de quien lo hacia. Se sentia coherente. Era parte de la realidad de alguien.

De nuevo llega el cemento y el asfalto e irrumpe su tranquilidad. El enfrentamiento es inminente. A la madrugada llegarán y arrancarán sus raices, despedazarán sus entrañas y su vida y la de los que en él habitaban; pronto dejará de existir y se convertirá en recuerdo y aquella fisura creada de nombres tallados que un día le hizo sentir coherente y en la que se describía el sentimiento humano de un amor sincero y eterno, se convertirá en la nostalgia de un recuerdo vacio, ausente, lleno de cemento y roca...


Hoy, aquel que le hizo complice de su sentir, que se atrevió a rasgar de su corteza pedazos de savia para plasmar la armonía de su corazón, imagina el aroma que desprendian sus ramas cuando el viento lo arrullaba, la sombra húmeda que lo acogia en brazos. La delicadeza de su existir.

4 Comentarios:

  • Los árboles, testigos mudos de nuestra presencia que debe parecerles tan efímera...
    Saludos

    Por Anonymous martika, A la/s 4:04 p. m.  

  • Extraordinario.

    Por Anonymous Jesús, A la/s 11:45 a. m.  

  • El encuentro y la ausencia.. algo inevitable. Me recuerdas un árbol en fusa. Le llaman el {arbol del amor porque es donde llegan los enamorados. De él cuelga una estrella gigante en Navidad y mucha gente sube a la montaña solo para verlo. El arbol del amor domina la vista de la ciuad con su presencia.

    Por Blogger L, A la/s 7:16 p. m.  

  • Cómo si el paralelismo entre éste y mi escrito no fueran suficiente para mi sorpresa, me encuentro con palabras tan bellas que multiplican mi asombro. Gracias en verdad, pudiste explicar mejor que yo lo que quería expresar. Un beso.

    Por Blogger Natalio Ruiz, A la/s 9:29 p. m.  

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